¿Qué está ocurriendo en nuestro mar?

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El mar Mediterráneo es una zona sensible de biodiversidad, ya que alberga entre el 4% y el 18% de las especies marinas conocidas del mundo.

Pero es también una zona sensible al cambio climático, que pone en peligro esta biodiversidad. El aumento de la temperatura del agua hace que esta rica biodiversidad varíe rápidamente debido a los cambios en la composición y abundancia de las especies.

Aumenta la temperatura

Hoy, la temperatura media anual en la cuenca mediterránea es 1,5 °C más elevada que durante el período preindustrial (1880-1899).

Los aumentos de temperatura previstos para el año 2100 varían entre 1,8 °C y 3,5 °C de media en comparación con el período comprendido entre 1961 y 1990. Actualmente, se calcula que el calentamiento de la superficie del mar Mediterráneo es de 0,4 °C por década entre 1985 y 2006 (0,3 °C por década en la cuenca occidental y 0,5 °C por década en la cuenca oriental).

Aumenta el nivel del mar

El nivel del mar Mediterráneo ha aumentado a un ritmo de 0,7 mm por año entre 1945 y 2000 y de 1,1 mm por año entre 1970 y 2006.

El aumento ha sido muy acusado durante las dos últimas décadas y ha llegado hasta 3 mm anuales. Los patrones de circulación se han alterado, generando cambios en el nivel del mar. La aceleración de la pérdida de hielo implica un riesgo significativo de aumento adicional del nivel del mar en la cuenca mediterránea. En muchas regiones costeras aumentarán las inundaciones y los desbordamientos por tormentas y se acelerará la erosión costera.

Disminuye el pH del agua

Se prevé que la captación de CO comporte, en el año 2100, una acidificación de entre 0,018 y 0,028 unidades de pH por década.

El pH del agua del mar ha disminuido en 0,1 unidades de pH desde el período preindustrial, lo que corresponde a un aumento de la acidez oceánica en torno al 30% en las últimas décadas; esto somete a los organismos marinos a estrés ambiental.

Meridionalización y tropicalización

En general, las especies de aguas frías se hacen menos abundantes o se extinguen localmente y las de aguas cálidas, más abundantes y generalizadas, un proceso que se conoce como «meridionalización».

Las especies de aguas frías buscan entornos más fríos y cambian su distribución geográfica dirigiéndose hacia los polos, pero estos desplazamientos están físicamente restringidos, como ocurre en el golfo de León, al norte del Adriático y al norte del Egeo, que son los sectores más fríos del Mediterráneo. Estas zonas se están convirtiendo en un callejón sin salida para muchas especies endémicas en peligro de extinción.

La exitosa propagación geográfica de especies de afinidad cálida es el fenómeno más evidente correlacionado con el calentamiento global. Dos grandes procesos de cambio, que implican especies tanto autóctonas como no autóctonas, describen la creciente importancia de la biota termófila en el mar Mediterráneo. En el primer proceso, a menudo nos referimos al término «meridionalización», es decir, especies meridionales, o del sur, que se desplazan hacia el norte; para el segundo proceso, utilizamos el término «tropicalización», que se refiere a especies exóticas de origen tropical (a menudo procedentes del canal de Suez), que se extienden por el Mediterráneo.

Estos dos procesos de cambio contribuyen a la progresiva reestructuración de la composición comunitaria de los ecosistemas mediterráneos, con impactos ecológicos graves provocados por los invasores tropicales.

© Cristina Linares

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Mortalidad masiva

El aumento de la temperatura del agua también provoca eventos de mortalidad masiva (en adelante, EMM) de unas 100 especies pertenecientes a varios grupos de organismos como los corales, las esponjas o los moluscos. El fenómeno más estremecedor tuvo lugar en 1999, cuando un EMM a gran escala y sin precedentes afectó a las poblaciones de las costas francesas e italianas. Después de este evento, se ha informado de otros EMM a gran escala, y también de muchos otros eventos menores, que suelen estar más restringidos en extensión geográfica y/o número de especies afectadas. La mayoría de las regiones mediterráneas han estado afectadas por este fenómeno en las últimas décadas.

Por lo general, teniendo en cuenta que las especies afectadas por mortalidades masivas son longevas (de decenas a cientos de años), la recuperación es un proceso extremadamente difícil y a largo plazo. Además, dado que las poblaciones están sometidas a un aumento de las olas de calor marinas, en muchos casos se notifican con mayor frecuencia mortalidades recurrentes que dificultan su recuperación. De hecho, desgraciadamente, las series de seguimiento a largo plazo de que disponemos indican que en muchos casos se están produciendo procesos de extinción locales.

© Fernando santos · Unsplash

Las praderas de Posidonia oceanica, en riesgo

Las praderas mediterráneas de posidonia (Posidonia oceanica) son una de las defensas naturales más potentes contra el cambio climático y una fuente de diversos servicios ecosistémicos. Las praderas submarinas también son muy resistentes a la degradación microbiana, por lo que el carbono no se degrada cuando se deposita en el fondo del mar y puede permanecer inalterado durante siglos.

Sin embargo, la posidonia tiene un límite máximo de tolerancia térmica de 28 °C y el aumento de la temperatura de la superficie del mar por encima de este límite induce a estrés térmico, lo que favorece el crecimiento de algas. Dependiendo de la temperatura del agua, la especie se reproduce sexualmente por floración o asexualmente por clonación. La creciente frecuencia de los casos de floración de posidonia en el Mediterráneo son una señal de agua más caliente, pero también de una ventaja adaptativa para sobrevivir en un futuro océano más cálido.

Invasiones de especies exóticas

El Mediterráneo se ha convertido en la zona sensible mundial en cuanto a invasiones biológicas se refiere. Algunas especies exóticas entran por el canal de Suez, otras llegan transportadas por los barcos, debido a actividades de acuicultura o bien liberadas de acuarios.

Hasta ahora, se han registrado en el Mediterráneo cerca de 1.000 especies animales y vegetales marinas no autóctonas y, de estas, casi 700 se han establecido en poblaciones permanentes. Muchos de estos animales y plantas tienen un origen tropical y se ven favorecidos por las condiciones de calentamiento, como demuestra su rápida expansión geográfica.

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Algas invasoras

© Cristina Linares. UB 

La Caulerpa cylindracea es un alga verde invasora, originaria del suroeste de Australia, que probablemente ha entrado en el Mediterráneo por el agua de lastre de los barcos. Puede crecer extensamente y desarrollar bosques de algas masivos que tienen graves impactos ecológicos.

Algunas especies de Caulerpa se utilizan para consumo humano en países como Japón o Indonesia, pero no se recomienda su uso con fines alimenticios hasta que se realicen estudios específicos.

Comernos las especies invasoras: nuevos recursos alimenticios, nuevas recetas culinarias

Algunas de las especies invasoras del Mediterráneo ya se han convertido en un nuevo recurso alimenticio. En los mercados de pescado del Mediterráneo oriental, ya se venden numerosos peces tropicales como el pez conejo (Siganidae), el pez león o pez escorpión (Pterois volitans), Upeneidae y Nemipterus randalli, y crustáceos como Portunus segnis, Erugosquilla massavensis.

Algunas de estas especies ya se encuentran en las zonas centrales del Mediterráneo y son cada vez más abundantes. En Cataluña, en concreto en el delta del Ebro, se empezó a comer cangrejo azul para ayudar a erradicarlo. En otros lugares, se están creando recetas deliciosas, por ejemplo, con el pez conejo. 

En Chipre, el pez conejo se considera una exquisitez y se vende a 21 euros el kilo. ¿Cómo se cocina el pez conejo (Siganus luridus)? Os ofrecemos una receta de Kastellorizo, Grecia:

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1. Retirar las tripas lo antes posible.

2. Cortar las espinas venenosas.

3. Freírlo. 

4. Servir con patatas fritas y ensalada.

Efectos sobre la pesca

Actualmente, la pesca mediterránea se ve afectada sobre todo por una pesca excesiva, pero el cambio climático también desempeña un papel importante. Las pesqueras mediterráneas son multiespecíficas y multiflotas; las especies pelágicas pequeñas son las más importantes en cuanto a desembarcos, y la flota dominante es la de pesca a pequeña escala (PPE). Los cambios en la producción primaria y el aumento de la temperatura afectan negativamente a los hábitats óptimos de los peces pelágicos pequeños. El espadín, una pequeña especie pelágica de aguas frías, ya ha desaparecido de la pesca comercial del noroeste del Mediterráneo y los desembarcos de sardina y anchoa han disminuido drásticamente en las últimas décadas.

© Josep Maria Dacosta